Posts con el tag ‘Valores’

Goldman Sachs rules the world

“Governments do not rule the world. Goldman Sachs rules the world”.

 If these were my words I would be severely criticised as a law professor by colleagues and (probably) students alike. If these were my words I would be accused of contradicting the foundations of our widely held assumptions on political and legal theory. If these were my words I would be forgetting that the sovereign state is the basis of the whole legal system. I would be endangering the democratic legitimacy of power. I would be ignoring the sacred line between private and public that we lawyers never cross. There is the public law, and there is the private law, and no matter what Kelsen said so many years ago: they are distinct and must remain distinct. If these were my words I would be called a dangerous critical radical lawyer.

 But these are not my words. These are the words of Alessio Rastani, an independent broker working at the City of London, that provoked a collective jaw-dropping at the BBC studio where he was interviewed life when he confessed that every night he dreams about a new recession because recessions are perfect opportunities to make money if you know how to play your cards. Recovery plans, the survival of the Euro, or any other problems of political economy are completely irrelevant, he claimed. Because the people whose decisions really matter do not care about these things. And this people are not in governments. In fact, as some of us were already suspecting, goverments do not rule the world. Goldman Sachs does.

 These are the words of someone who seems to be an outspoken and apparently very honest broker. But I am a law professor. So tomorrow I will teach my first year law students that the laws that matter are the laws of the sovereign nation state that obtain their legitimacy through democratic process. The sovereign people, as democratic theory says. And if one my students raises her hand inquiring over Rastani’s words, I can always respond that the man is not a lawyer. What does he know?

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Actividades animosas

El verano es tiempo de cosecha, de exámenes finales, de memorias de actividad. Como jurado de los premios “40 under 40”, que organiza Iberian Lawyer y que distinguen anualmente a 40 abogados de España y Portugal menores de 40 años, he tenido el privilegio de leer currículos brillantes y extraordinarios.

Se trata de personas que, tras finalizar su licenciatura, han cursado másteres y han desarrollado una actividad profesional de éxito en la que ya son reconocidos como expertos. Han pasado por las etapas que, desde la Edad Media, asociamos con aprendiz, oficial y maestro.

Personas que primero aportaron análisis trabajosamente elaborados a los equipos en que se integraron. Hoy, a base de un esfuerzo sostenido en el tiempo, sus análisis son más profundos, diseñan estrategias, las ejecutan y lideran equipos que apoyan el crecimiento de los más jóvenes. Con jornadas laborales de más de doce horas, encuentran tiempo para actividades “Pro bono”. Ofrecen gratuitamente su gran talento y escaso tiempo libre para defender a quienes no tienen más derechos que aquéllos que otros pueden accionar por ellos. Personas que convierten sus hobbies o su ocio en servicio a los demás: como entrenadores, directivos de equipos deportivos infantiles o como tutores de alumnos con dificultades de aprendizaje.

Para aquéllos a los que nos escasea el tiempo y empleamos parte de las vacaciones en proyectar cómo ser más eficientes en su uso, es un refrescante recuerdo de que querer, a menudo, es poder. También, de que el éxito de una sociedad está ligado al de los individuos que la conforman, en la medida que éstos no actúen al margen o contra ésta, sino a su favor. Por eso, aunque en el mundo, como en botica, hay de todo, el Tomas Crown (1968, Steve McQueen; 1999, Pierce Brosnan), que, hastiado del éxito de sus “acquisitions” en Wall Street, tiene que robar un Banco en Boston o un Monnet en el Metropolitan, para superar retos dignos de su inteligencia, no es el personaje a imitar.

Necesitamos modelos para seguir. Muchos admiramos a los grandes deportistas. Celebramos su juego, coreamos sus victorias, lamentamos sus derrotas; pero olvidamos las horas de repetición de una jugada o del ejercicio en el gimnasio. Son vidas de las que nos llega el brillo del triunfo, pero no la monotonía del entrenamiento, del esfuerzo a puerta cerrada que si lo grava las la televisión nos llega filtrado por un guión edulcorado con bromas y risas.

Modelos, haberlos haylos. Incluso en profesiones hoy denostadas. Junto a banqueros que reparten beneficios obtenidos gracias a las garantías explicitas o implícitas de los fondos públicos, los hay que arriesgan su dinero en apoyo a iniciativas socialmente beneficiosas.

La verdad es buena compañera de viaje. Por eso, el esfuerzo medido, conocido y premiado, es un acicate para que se imite, tanto en el deporte como en el ejercicio de profesiones u oficios.

Un personaje de Oscar Wilde contestó al que le demandaba la verdad pura y simple, que la verdad raramente es pura, pero nunca es simple. Tal vez también nos decía que aquilatar el esfuerzo y reconocerlo no es tarea fácil; pero que si lo conseguimos, ponemos las bases para una sociedad justa y próspera. 

Enric R. Bartlett Castellá.
Decano de la  Facultad de Derecho de ESADE  (URL)

 
Publicado en “La Vanguardia” el 10.08.2011

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Sabato, Hessel y la resistencia

A los que admirábamos su literatura, nos conmovió hace unos días la muerte del argentino Ernesto Sabato, en edad casi centenaria. Y aunque un acontecimiento así siempre es motivo de tristeza, lo cierto es que la obra y la vida de Sabato dejan poco lugar a los sentimientos nostálgicos. Físico de profesión, artista de vocación y personaje público por necesidad, su última llamada es a la resistencia. Una resistencia deliberadamente confusa. Sabato afrma haber sentido siempre una necesidad íntima de resistir, que satisfizo con el surrealismo en el arte y con la izquierda en la política, pero las cosas parecen cada vez más complejas y confiesa no saber bien cómo ejercer hoy esa resistencia, cuya necesidad sin embargo siente apremiante. Se nos murió sin darnos la clave.

Al escribir estas líneas no puedo sino pensar en Stéphane Hessel, otro nonagenario que ha convertido en best-seller (el mercado sabrá por qué) una llamada similar: Indignez-vous!, ¡Indignáos! Hessel nos sitúa en una encrucijada parecida. Nuestro mundo exige la indignación, de ahí su grito, pero se ha vuelto difícil fjar la causa frente a la que debe expresarse tal indignación. En el caso de Hessel, mirando hacia su juventud encontraba la Resistencia francesa durante la segunda guerra mundial como ejemplo claro. Con ese referente, su llamada se hace angustiosa: no hay menos motivos para indignarse, resistirse y combatir la injusticia en el mundo actual que los que encontraron él y sus compañeros contra el nazismo. Solo que la causa de esa injusticia es ahora más elusiva, difícil de definir y, en ese sentido, más peligrosa.

Da que pensar que esta llamada paralela nos venga de dos personas que tuvieron un papel activo en sendos momentos fundamentales de la breve historia de los derechos humanos. Hessel participó en la redacción de la declaración universal de los derechos del hombre cuando era jefe de gabinete de Henri Laugier, secretario general adjunto de Naciones Unidas. En su texto antes referido, recuerda esa participación, y enfatiza la fuerza de la indignada resistencia. «Esta declaración universal», dice Hessel, «debe mucho a la revulsión universal contra el nazismo, el fascismo, el totalitarismo, y, también, a nosotros, al espíritu de la Resistencia». La resistencia es precisamente el título de uno de los últimos textos de Sabato, en el que afrma que «hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse». 

La relación biográfica del escritor argentino con los derechos humanos gira en torno a su participación destacada en el informe Nunca más (también conocido como Informe Sabato), en el que se relataban los crímenes cometidos por las dictaduras argentinas y que abrió la puerta para el procesamiento de los responsables de las juntas militares. La entrega personal del informe por parte de Sabato al presidente Raúl Alfonso constituyó todo un símbolo para los defensores de la causa de los derechos humanos.

Y llegados al comienzo de siglo. Sabato y Hessel, militantes contra las atrocidades de la dictadura argentina, el uno, y contra la Alemania nazi, el otro, se encuentran ahora con la misma necesidad de militar (y de llamar a la militancia) que sintieron en su día, pero sin ningún referente claro frente al que hacerlo. Nos confirman que vivimos tiempos confusos. Y es que esta llamada contemporánea a la resistencia contiene,  si lo pensamos bien, una tremenda paradoja, puesto que nunca como ahora hemos tenido las personas tantos derechos y una consideración aparentemente tan digna a ojos del poder (hablo de los que vivimos en lo que grosso modo llamamos democracias liberales avanzadas). Tenemos derechos como humanos, como nacionales de un país, derechos políticos y sociales, tenemos derechos como trabajadores, e incluso derechos como consumidores. Podemos reclamar, denunciar y manifestarnos tanto como queramos. Formamos parte de una opinión pública presuntamente informada, que disfruta de la libertad de prensa, y además participamos en la toma de decisión de los asuntos públicos de múltiples maneras, empezando por elecciones generales periódicas. Tenemos mercados libres, las fronteras caen, viajamos por donde queremos sin dar explicaciones a nadie. Vivimos en democracia, vivimos en libertad, y damos pasos de gigante para vivir en igualdad.

Y sin embargo Hessel y Sabato no se muestran satisfechos, sino todo lo contrario, nos recuerdan que es justo ahora cuando más necesitamos resistir frente a algo, y mostrarnos beligerantes en esa resistencia. La coincidencia entre estas dos mentes extraordinariamente lúcidas es escalofriante; nos dicen que a pesar de todos esos derechos, y de todos esos valores públicos de la democracia, algo va profunda y terriblemente mal en nuestro mundo.

¿Qué es ese algo?  Si estos dos hombres, sabios y con una larga vida a cuestas, no concretan el origen de ese mal, yo, que ni soy lo uno ni tengo lo otro, no me atreveré a dar un paso más. Simplemente recuerdo y transmito su llamada. Que cada cual la interprete como deba.

César Arjona
Profesor de la Facultad de Derecho de Esade (URL).

Artículo publicado en “El Periódico” (15.05.2011)

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¿Quién teme a John Demjanjuk?

Nacido en Ucrania, apátrida (su nacionalidad estadounidense le ha sido recientemente retirada), John Demjanjuk aparece fotografiado en la prensa internacional, su rostro serio, sin mostrar emoción, su cuerpo anciano postrado en una silla de ruedas. Ha cumplido ya los 91 años de vida, y según un tribunal de Munich deberá pasar ahora cinco en la cárcel, condenado por cooperación en las muertes de más de 28000 prisioneros en el campo de concentración nazi de Treblinka, sucedidas hace ahora alrededor de 70 años. Aunque por lo pronto no cumplirá la pena: la sentencia ha sido apelada por su abogado, y mientras la apelación se resuelve Demjanjuk deberá permanecer en Alemania, pero sin ingresar en prisión.

Aparentemente la situación plantea un dilema jurídico clásico que se ha repetido a lo largo del siglo XX: ¿cómo juzgar, una vez caído un régimen antes vigente, a aquellos que cometieron actos atroces conformes con su posición en dicho régimen? Los juicios de Nuremberg, o las leyes de Punto Final y Obediencia Debida en Argentina, son dos momentos simbólicos de este problema aún no resuelto.

Pero el caso de Demjanjuk contiene un elemento que lo hace diferente, y que da paso a otro dilema distinto. Aquí el acusado no reconoce lo sucedido ni se esfuerza en justificarlo conforme a las condiciones del momento (que serían las propias de un presunto funcionario del régimen nazi), sino que niega la mayor: el abogado defensor ha tratado de probar que Demjanjuk nunca fue el guardián del campo que en efecto colaboró en la ejecución de las muertes, sino que su estatus durante la segunda guerra mundial era de prisionero de guerra en el campo de Sobibor. En definitiva, se equivocan ustedes de tipo.

El matiz es importante: lo que está en juego en este caso no es una concepción de la justicia (como en Nuremberg), sino detalles mucho más triviales como si por ejemplo un carnet de identitad de las SS en el que Demjanjuk consta como guardián de Treblinka es auténtico o falso, o si la credibilidad de los testigos es fiable al recordar hechos y personas perdidos en la niebla de los tiempos.

 Esto abre otra cuestión, otro dilema, que es el que de verdad importa aquí: ¿merece realmente la pena juzgar y condenar a personas por hechos cometidos en situaciones que poco o nada tienen que ver con las actuales? Según Reuters, la opinión pública alemana está dividida al respecto, y algunos ven un espectáculo triste y patético en la encarnizada discusión sobre la validez de unas pruebas presentadas y refutadas por ancianos en relación con hechos que acaecieron durante su juventud. Salvo que suceda un fenómeno médico, a Demjanjuk le queda poco tiempo de vida, lo cual por cierto justifica la reducida pena impuesta por el juez en atención a la edad y estado de salud del reo, incapacitado para ejercer ninguna violencia.

 En sentido opuesto piensan los acusadores, dos víctimas de trabajos infantiles forzados en Treblinka, así como los grupos de víctimas del holocausto que han mostrado su decepción porque a pesar de la condena Demjanjuk no haya ingresado ya en la cárcel. En la simbología del castigo como pago de la responsabilidad se manifiesta la función retributiva de la pena. Es decir: que quien la hace la paga, sin importar otros condicionantes, aunque haya pasado toda una vida y ni víctima ni acusado tengan otro futuro que el de esperar el resultado de la sentencia. ¿Es eso la justicia? Difícil será convencer de lo contrario a quien siga a pies juntillas el Antiguo Testamento.

César Arjona

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Of wolves and men: Are we naturally bad?

In his book Primates and Philosophers. How Morality Evolved (Princeton, 2006), Frans de Waal (a famous Dutch ethologist, selected in 2007 as one of the 100 People Who Shape Our World by Time magazine) takes on the infamous phrase homo homini lupus (man is wolf to man), an ancient Roman proverb popularised by Hobbes in his Leviathan. According to de Waal, this claim contains at least two important mistakes (not bad for such a short sentence!). On the one hand, it overtly contradicts zoological facts: wolfs are canids, and thus among the most cooperative and gregarious animals on hearth. The second problem is more relevant for both lawyers and ethicists, since it seriously misrepresents human nature. It advances a position according to which morals are artificially created in order to subject the natural destructive tendencies of human beings. According to this vision, if left alone men would engage in a perennial fight, a vicious struggle for survival and mutual subjugation. This is the reason why we need rules (moral, social, and of course legal): to avoid falling into chaos.

De Waal believes this is plainly and simply wrong. Is he reopening the centuries-long debate about the nature of human beings (good or evil)? Strictly speaking he is not reopening that debate. He is doing something better: talking about facts. Scientific facts. Different experiments and observations on animals indicate that what we call morals is not a “human” artifact, but on the contrary the result of “natural” Darwinian evolution. After decades of working with apes (our closest animals), de Waal is able to conclude that they actually show empathy, and that they have an appreciation for reciprocity.

A striking and very simple illustration of empathy is offered by animal-consolation. For example, after a fight between two apes, other apes who are not involved in the fight tend to approach the loser to offer him consolation, doing things such as gently passing their arms around his neck. There is no self-interested reason that may account for this fact, that seems to be the result of apes being moved by the feelings of their fellows. This conclusion is even more convincing when we learn that the more serious the aggression, the sooner other apes go and console the loser.

De Waal also offers many illuminating descriptions of animal-reciprocity: for example, when two apes were asked to perform the same task in exchange for a reward, and the reward was different in value, the ape that received the less valuable object showed his discontent by rejecting his prize or not accepting it. When the other ape had not performed any task at all, his discontent was even more evident.  Does this mean that apes have a certain sense of justice? Well, this is exactly what it seems to mean.

Empathy and reciprocity are the bulding blocks of morality, the hard-core of our normative systems as civilised human beings. The fact that they appear in evolution previous to civilisation (even previous to the dawn of men) opens a whole new perspective on the nature of morals, law and social life in general.  A question remains unanswered: why is it so popular, in spite of that evidence, the idea that human beings are naturally evil and need culturally and socially created rules to bring their aggressive and selfish nature under control?

César Arjona

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Endinsant-nos en “Inside Job”

El documental del guionista, director i productor Charles Ferguson no passarà a la història com una pel·lícula de culte, però és d’allò més recomanable i no es pot deixar passar.

Potser algú pensarà que no aporta grans novetats, però les dades que aporta permeten entendre millor com es va incubar la crisi, les raons de la seva capacitat destructiva. El treball posa cara a alguns dels seus responsables, als seus irresponsables comportaments i la ideologia que els sustenta.

En sortir del cinema et vénen al cap algunes preguntes, que poden semblar massa radicals pels que no han vist el documental, però que estem obligats a fernos. Allà van algunes d’elles:

- On ha quedat l’ètica del capitalisme? – On està la diferència entre economia
legal i economia criminal? -Com és possible que, amb el que ha passat, no s’hagi produït cap reforma significativa de les regles de joc del sistema? -És suportable durant molt de temps un sistema social amb tanta concentració de poder i amb una distribució de la riquesa tan injusta?

La descripció que fa, amb dades, de la concentració de poder econòmic i polític en poques empreses i institucions -entitats financeres, agències de ràting, Reserva federal, organismes reguladors i supervisors-  posa de manifest la feblesa democràtica d’ aquest sistema social.

Ens descriu com s’ha anat configurant una veritable casta aristocràtica que es reparteix els càrrec públics i privats estratègics, que passen d’unes mans a unes altres de forma circular.

De fet es una nomenclatura que té un gran poder, que actua al marge dels controls democràtics i que obté uns beneficis econòmics injustificats amb mètodes immorals.

Posats a trobar algun però al documental, potser sobren les referències als vicis d’alguns dels protagonistes, explicats per una de les madams, i les peculiars personalitats psicològiques d’alguns d’ells, explicades per un dels seus terapeutes. I també hi manca una anàlisi del paper jugat pels mitjans de comunicació en la creació de l’hàbitat ideològic que ha permès que aquestes coses fossin considerades normals.

El que ha passat no té el seu origen en la personalitat amoral i malaltissa d’alguns personatges sense escrúpols.

No estem davant de casos aïllats o de factors individuals, imputables a la condició humana -que també pot ser una de les explicacions, però no la més important-. Estem davant d’uns comportaments generats i emparats per unes estructures socials i polítiques que ho propicien i ho han fet possible.

Estem davant del paradigma de l’actual model econòmic i social. Hi ha escenes memorables, com ara la manera com el representant del lobby de la indústria financera justifica els comportaments de les entitats que representa.

En algun passatge, el director, per carregar les culpes sobre els responsables als EUA, sembla que pretengui salvar de la crema Europa. I res més lluny de la realitat.

En molts moments del documental un té la sensació d’estar veient actors econòmics i polítics europeus, espanyols i catalans.

Quan el Bush fill explica que amb salaris baixos els treballadors poden accedir a molt consum gràcies a les facilitats que tenen per endeutar-se està explicant la bombolla especulativa a Espanya i la seva capacitat destructiva.

Quan els responsables d’entitats financeres justifiquen per què venien productes als seus clients, prometent elevades rendibilitats, al mateix temps que apostaven en els mercats perquè aquests productes perdessin el seu valor, és difícil no posar-li cara de banquer europeu. Quan els experts universitaris es veuen acorralats davant les preguntes sobre el poc rigor dels seus estudis en relació amb la bondat d’aquestes pràctiques que ara ha esclatat, els diners que han obtingut per publicar-los i les evidents incompatibilitats legals i morals en què incorrien, es fa molt difícil no pensar en alguns estudis signats per la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) a Espanya.

I quan algun dels entrevistats justifica la reducció d’impostos als rics, referint-se a les herències, és com si aparegués en escena l’actual president de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas. Encara que de manera indirecta, la pel·lícula aporta importants raons per defensar el model social europeu.

Les imatges de la situació en què es troben als Estats Units les persones que no tenen feina i no tenen prestacions socials públiques són demolidores.

I per no parlar de l’explicació de la pèrdua del valor de les pensions privades dels jubilats, víctimes de l’especulació. Tot plegat ajuda a entendre la importància del sistema públic de seguretat social europeu.

Crec que es tracta d’un bon material didàctic que caldria incorporar als projectes formatius de les universitats i escoles de negoci.

Joan Coscubiela
Profesor de la Facultad de Derecho de ESADE

Artículo publicado en “L’Econòmic” (09.04.11)

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La lliga dels sense bata.

La proposta de la consellera Rigau perquè els centres educatius discuteixin sobre l’obligatorietat dels uniformes escolars obre moltes fnestres. A alguns ens permet
retrobar-nos amb Miguelito y la Liga de los Sin Bata, uns personatges de Romeu a la revista Por Favor que donaven veu a la lluita dels joves de la Transició contra unes concepcions autoritàries de l’escola i la societat. El rebuig a la imposició de la bata a les aules n’era una metàfora perfecta.

S’ha criticat l’oportunitat de la proposta en uns moments de greus problemes en l’educació. També els riscos de traslladar el debat als consells escolars, que prou feina tenen per funcionar en un context d’escassa participació social i pocs recursos per exercir la veritable autonomia dels centres. Però el més interessant és analitzar les raons per justifcar la imposició dels uniformes als centres escolars. No sembla que la consellera hagi relacionat la proposta -almenys no explícitament- amb altres refexions seves sobre la necessària recuperació de la disciplina a l’escola. Però tampoc sembla que siguin refexions improvisades o inconnexes. El debat no és nou, apareix periòdicament i ara amb més complexitat que durant la Transició.

Des de diferents sectors socials i posicions ideològiques es planteja la possibilitat amb arguments de tot tipus. Alguns tan curiosos com el menor cost econòmic per a les famílies, com si la resta del dia els joves no portessin roba i anessin despullats. Altres defensen que els uniformes permetrien controlar millor les hormones, com si la vida i el cine no ens hagués ensenyat que això no depèn de l’uniforme. En tot cas, les argumentacions més de fons i que semblen més rellevants són les que relacionen la proposta amb el consumisme i la igualtat social. Amb tots els respectes, em semblen raons carregades de fariseisme, una actitud que la societat practica cada vegada més amb relació a l’escola. Es demana als docents que siguin capaços d’aïllar l’escola del que es consideren malformacions socials, o que aconsegueixin anul·lar a les aules els efectes negatius dels valors, els patrons de vida i les ideologies dominants en la societat. Així, en una societat competitiva fns a la insolidaritat salvatge -també en els centres d’educació superior-, es pretén una escola cooperadora. En una societat on la imposició del fort és la manera de resoldre els confictes, es vol tenir una escola que eduqui en la mediació. Ara sembla que també s’intenta que les aules aconsegueixin camuflar alguns dels greus problemes de la societat.

Puc compartir la idea d’un excés de consumisme dels joves -i no tan joves- en les formes de vestir i en moltes altres manifestacions socials. Però no crec que la solució passi per tapar el problema -mai més ben dit- sota l’uniforme, mentre al mateix temps, en la societat, els valors i les ideologies que propicien aquestes actituds continuïn sent les dominants i de vegades, fns i tot, siguin propiciades pels mateixos que diuen voler-les combatre a les escoles. Aquest model de societat també genera grans desigualtats socials, que es fan evidents a les escoles de moltes maneres -no solament en la indumentària-. Quin significat té si no que un període de vacances escolars se l’anomeni setmana blanca, com si això estigués a l’abast de totes les famílies?

La funció de l’educació és contribuir a reduir en el seu origen aquestes desigualtats, no pas tapar-les perquè no es vegin. El problema són les desigualtats reals, no pas que aquestes es facin visibles a les escoles. Que siguin evidents pot ser una manera d’afrontar educativament la igualtat com a valor social. El que no pot passar és que un sistema educatiu que tolera de manera més o menys directa la selecció dels alumnes per la seva condició social, les seves capacitats o el seu origen digui que vol avançar en la igualtat imposant l’uniforme a les aules. És clar que, potser, les raons de fons -conscients o inconscients- siguin unes altres i no s’explicitin. La imposició de l’uniforme permetria normalitzar en el conjunt del sistema educatiu unes formes que avui només es donen en alguns centres i que van associades a una manera d’entendre l’escola. Podria ser una forma de legitimar una manera d’entendre l’autoritat i la diferenciació entre sexes, o de generar un sentit de pertinença uniforme que negui la diversitat personal. En tot aquest debat, on queda el dret a la llibertat personal dels alumnes?  Un dret, com tots, amb límits, però que no pot desaparèixer.

Joan Coscubiela Conesa
Profesor de la Facultad de Derecho de ESADE

Artículo publicado en Público (3.04.2011)

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Tsunamis financieros, valores sociales y derecho

Enric R. Bartlett Castellá, decano de la Facultad de Derecho de ESADE (URL), pronunció el pasado mes de febrero la conferencia titulada “Tsunamis financers, valors socials i dret”, dentro del ciclo de “Economía y Valores” organizado por la Revista Valors, la Fundació Bufí i Planas en el marco de Tecnocampus Mataró-Maresme.

En la conferencia presentó su opinión acerca de cómo después del gran tsunami financiero que se origina en 2008 con la caída de Lehman Brothers, los valores sociales subyacentes que lo hicieron posible (ánimo de lucro sin límite, competitividad como finalidad en si misma) no han cambiado. Sostuvo que la respuesta pública al tsunami de la crisis de la deuda soberana de finales de 2010, al dictado de las agencias de rating, corresponsables del primero corrobora la prevalencia de dichos valores. También hizo referencia al papel ejercido des del mundo del Derecho afirmando: “Se han hecho algunas cosas (limitaciones coyunturales en retribuciones variables en banca de inversión, exigencia de más capital a los bancos en el futuro,) pero en resumen son bien pocas, ya que el derecho es una herramienta que está condicionado por los valores sociales subyacentes, valores que los siguen marcando los causantes de la crisis” 

Video publicado en You Tube por la Revista Valores con motivo del ciclo de “Economía y Valores”

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