Posts con el tag ‘Solidaridad’

Seminario permanente de Derechos Humanos A. Marzal

Continuación)

La Mesa del lunes 12 de marzo se denominó “La Solidaridad interesada. La Solidaridad condicionada. La Solidaridad limitada” y contó con la participación del Sr. D. Miguel Marín Cózar, Director del Área de Economía y Políticas Públicas de la Fundación FAES y del Dr. D. Tulio Rosembuj, catedrático de Derecho Tributario de la Universidad de Barcelona (UB). La reflexión giró esta vez, en la ponencia del Sr Marín, sobre cómo puede condicionarse la efectividad de la Solidaridad al cumplimiento de determinadas cargas en aras de un interés superior. Y, centrándose en la Solidaridad contemplada a nivel estatal en el marco del Estado del Bienestar, apuntó que el debate es esencialmente político, de modelo de Estado del Bienestar que se escoja, de donde se tomarán los criterios de equidad y justicia. Ello no obstante, hay que ser conscientes que la Solidaridad siempre es coyuntural o contingente y que por tanto es difícil establecer criterios inamovibles: no existe un criterio de equidad financiera incuestionable que valga para todas las circunstancias. Por su parte, el Sr. Rosembuj abordó el tema de la Solidaridad como desafío intelectual, que no puede prescindir del contexto en el que nos estamos moviendo: la globalización como proceso de interconexión a todos los niveles. Hizo hincapié en la importancia que adquiere la persona y sus responsabilidades en el terreno de la justicia, en el mundo de la globalización. Porque, a su juicio, no estamos en el plano de la Solidaridad, sino en el de la Justicia, que nos obliga a actuar si queremos un mundo vivible. Asimismo puso de manifiesto que estamos en una época de grandes transformaciones en la que la Soberanía de los Estados es cada vez menor, de ahí que hoy no podamos hablar en términos de relación Estado con Estados, sino en términos de relación individuo con individuos y Comunidad con Comunidades. Se ha avanzado en el cosmopolitismo y urgen soluciones que aúnen lo global con lo local para poder gestionar la globalización. Por ello hoy se impone un nuevo léxico, el de la gobernanza. Algo está cambiando. La globalización no es una construcción teórica: hay principios integrados que se están aplicando y que afectan a la lucha contra los paraísos fiscales, que prácticamente han desaparecido; existe el crecimiento verde y actividades y prácticas de buen gobierno. El poder de dirección en el G 20 y en la UE, a través del Soft Law, derecho informal y oficioso, viene creando estándares comunes de obligado cumplimiento. Asimismo, remarcó que debemos reflexionar sobre el contenido de la justicia. I aludió a John Rawls y a su justicia como equidad, que considera que podemos defender la desigualdad solo cuando se trata de ayudar a los más necesitados respecto de los cuales hay un deber entre Estados, y a la Escuela Cosmopolita del Derecho que considera que la estructura global está en cada ser humano como unidad moral básica y que, por tanto, el individualismo es una perversión. Hoy estamos viviendo una crisis sistémica financiera, medioambiental, social. Esto supera el tema de los Estados y los modelos de Estado del Bienestar. Hay que ir a otros planteamientos y entrar a abordar todos estos temas desde la teoría de la complejidad y la arquitectura en red, con las transformaciones que ello conlleva. No hay mayor solidaridad que la del impuesto y se pueden obtener nuevos recursos a partir de los riesgos sistémicos como indicadores contributivos. Así, hay que regular el sistema financiero a nivel global y apostar por un impulso solidario de justicia distributiva. En consecuencia, hay que poner en marcha fórmulas de reparto que graven los beneficios de las grandes empresas transnacionales, la Tasa Tobin (ya se ha hablado de ello en el Parlamento europeo y se ha aprobado en Alemania) sobre transacciones financieras, impuestos sobre las emisiones de CO2 como se ha hecho en Australia, etc. Y se mostró optimista ante las posibilidades de salida de la crisis que facilita la globalización.
Finalmente, la Mesa del jueves 15 de marzo llevó por título “La Solidaridad entre los pueblos” y en ella participaron el Dr. D. Jordi Sellarés, profesor de Derecho Internacional Público de la Facultad de Derecho de ESADE (URL) y la Sra. Dª. Salomé Adroher, profesora de derecho Internacional privado de la Universidad Pontificia de Comillas, Directora general de Servicios para la Infancia y la Familia en el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales. El Sr. Sellarés hizo en su ponencia un repaso a la evolución que ha tenido en los últimas décadas el Derecho Internacional Público, haciendo hincapié en el derecho a la intervención o injerencia humanitaria que se ha venido abriendo paso en estos últimos tiempos y que supone hacer entrar en crisis los principios de soberanía de los Estados y de no intervención en sus asuntos internos, planteando las problemáticas y riesgos que ello conlleva. Por su parte, la Sr. Adroher se centró en la Solidaridad y cooperación en los desplazamientos internacionales de menores, y más en concreto, tras unas consideraciones previas, analizó los pormenores de la adopción internacional, señalando que la adopción no es un derecho de los adoptantes sino un derecho del niño a tener una familia y que la adopción internacional debe ser concebida como solución subsidiaria en aquellos casos en los que no sea posible encontrar para el niño una familia adoptiva de su propio país y entorno cultural. Asimismo valoró la cooperación internacional como la mejor solución para hacer frente a la sustracción internacional de menores, finalizando su exposición con unas consideraciones finales: a) Los desplazamientos internacionales de menores como realidad creciente; b) Importancia de que en estos desplazamientos se garantice el interés superior del menor; c) La cooperación internacional convencional como mejor fórmula de garantizar dicho interés y ejercitar la auténtica solidaridad entre Estados.
El Decano de la Facultad de Derecho, Dr. Enric R. Bartlett, dio la palabra al Sr. Ignacio Astarloa quien en representación del Sr. Zarzalejos declaró, tras unas breves palabras, clausurada la sesión del Seminario de este curso, congratulándose de que se vaya consolidando como foro de debate y confrontación de ideas, siendo ello muy importante en un Estado que se precie de democrático.

Mª Dolors Oller Sala
Coordinadora del Seminario de DDHH

Derechos Humanos | , , Permalink

Seminario permanente de Derechos Humanos A. Marzal

Auspiciado por la Facultad de Derecho de ESADE (URL) y la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), los días 5, 8, 12 y 15 de marzo han tenido lugar las distintas Mesas con presentación de ponencias en el marco de la XVIII Sesión del Seminario Permanente de Derechos Humanos-Antonio Marzal (curso 2011-2012), que ha llevado por título “La Solidaridad, Aspiración y Derecho”, y ha contado con unos 60 alumnos inscritos. Como ha venido siendo tradicional en las anteriores ediciones, se han combinado las aproximaciones filosófica, económica y jurídica, conscientes que aunque el Derecho es una herramienta esencial para el desarrollo humano, ni es la única ni puede aplicarse con éxito ignorando a otras. En las dos sesiones anteriores del Seminario se habían analizado las que fueron grandes conquistas del s. XIX, la Libertad, y del s. XX, la Igualdad. En esta ocasión se ha completado con la Solidaridad esa tríada de derechos cuya efectividad tiende a garantizar el pleno desarrollo de la dignidad humana.
El Seminario fue inaugurado el martes 5 de marzo en ESADEFORUM por el Director del Seminario de Derechos Humanos y Decano de la Facultad de Derecho de ESADE, Dr. D. Enric R. Bartlett Castellà, quien también actuó de moderador de las 4 Mesas para la reflexión y el debate, y contó con la presencia del Sr. D. Javier Zarzalejos, Secretario General de la Fundación FAES. A cada Mesa siguió un coloquio de los ponentes con el alumnado asistente.
La 1ª de las Mesas tuvo lugar el mismo martes 5 de marzo y trató sobre la “Solidaridad: Aspiración humana, afirmación jurídica”. En ella participaron el Dr. D. Agustín una Serrano, catedrático de Derecho Civil, profesor de la Facultad de Derecho de ESADE (URL) y el Dr. D. Francisco Fernández Segado, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid. La reflexión se centró en contemplar la Solidaridad primero desde la perspectiva de la Filosofía del Derecho, haciéndose hincapié en su importancia para la cohesión social, pues posibilita la integración de los diferentes intereses de las personas. El Dr. Luna hizo caer en la cuenta de que al ser un concepto jurídico indeterminado es muy fácilmente manipulable, pero que a pesar de ello no hay que renunciar a formularlo con cierta precisión. En este sentido apostó por una idea de Solidaridad basada en el dar para recibir, que puede ser sostenida tanto en Derecho Privado como en Derecho Público. Por su parte, el Dr. Fernández Segado después de realizar una aproximación al concepto de Solidaridad y a su devenir histórico, se centró en el análisis del principio de Solidaridad en la Constitución española de 1978, abordando con precisión sus características y alcance desde la perspectiva del Derecho Público. Así, tras aludir a la recepción constitucional de dicho principio, se centró en el alcance de la solidaridad interterritorial (su carácter polisémico y su recepción como principio general de organización por el art. 2 CE, su contenido fundamentalmente económico aunque sin descartar que desborde este ámbito), finalizando con la interpretación en sede constitucional del principio de Solidaridad.
La Mesa del jueves 8 de marzo llevó por título “La organización de la Solidaridad”. En ella participaron el Dr. D. Josep F. Mària, jesuita, profesor titular del Departamento de Ciencias Sociales de ESADE y del Instituto de Innovación Social de ESADE (URL) y la Sra. Dª. Ana Iribar, Presidenta de la Fundación Gregorio Ordoñez. Sus respectivas intervenciones se centraron, la del Sr. Mària en cómo organizar la solidaridad internacional en tiempos de globalización, para lo cual empezó su disertación partiendo de la base que organizar no está libre de valores, actitudes y responsabilidades. Definió seguidamente la Solidaridad según el planteamiento de un sociólogo y filósofo del Derecho, B.S. Santos, quien aboga por contemplar la solidaridad como reconocimiento o solidaridad como emancipación, lo que implica el reconocer al otro como sujeto, elevándolo del estatus de objeto al de actor. Por lo tanto, implica en primer término, no una regulación del problema técnico sino reconocer a la gente sin poder como sujetos y ayudarles a ser más protagonistas de su futuro. Seguidamente aludió a la necesidad de implicar en la organización de la solidaridad a todos los actores, pues no hay un actor clave; así, hay que implicar a las Administraciones Públicas, a la Sociedad civil y a las ONGs, a las Empresas privadas y a las cooperativas. Cada actor tiene una responsabilidad inalienable en esta organización de la solidaridad que habrá que articularse en cuanto a responsabilidades. Asimismo hizo hincapié en la necesidad de desarrollar un proceso de comunicación entre actores para llegar a soluciones en que cada organización satisfaga las necesidades de sus ciudadanos/clientes/usuarios y contribuya a que las demás organizaciones satisfagan las suyas. Finalizó su intervención con las actitudes fundamentales en procesos de articulación de responsabilidades, a saber: reconocer al otro como igual, compartir al máximo el abanico de necesidades de mi organización y mirar a la vez dentro y fuera de mi organización. En cuanto a la ponencia de la Sra. Iribar, realizada en un tono muy personal, se centró en su vivencia en calidad de víctima del terrorismo en el País Vasco que no ha sentido la solidaridad de sus conciudadanos hacia as víctimas y lo duro que ello puede ser. Llamó la atención de los presentes sobre la necesidad, en defensa de las libertades democráticas, de saberse posicionar éticamente frente al terrorismo. (Continuará)

Mª Dolors Oller Sala
Coordinadora del Seminario de DDHH

Derechos Humanos | , , Permalink

De la Resiliencia al Consenso

La tragedia volvió a Japón tras el seísmo del 11 de marzo. Ya hay quien analizará las consecuencias económicas de los hechos. Pero más allá de los valores económicos, hay que resaltar otros valores y actitudes, los de las personas afectadas dramáticamente por una crisis nuclear. Japón es un gran país. Como otros, vencedores o vencidos, ha cometido errores y horrores históricos. Inició una cruenta guerra en Asia-Pacífico que finalizó, los días 6 y 9 de agosto de 1945, con el bombardeo atómico de las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. 65 años después, cuando el recuerdo de aquel trauma aún sigue vivo en su memoria, los japoneses se ven amenazados por otra catástrofe nuclear.

Tras su derrota en 1945, Japón renació de las cenizas. En 1946, promulgó una constitución democrática que estableció un régimen parlamentario y de libertades públicas. Se consagró el principio de la división de poderes y el imperio de la ley, una novedad en un país de base confuciana. El país recuperó la autoestima colectiva y concentró sus esfuerzos a la reconstrucción del país. En 1964, los Juegos Olímpicos de Tokio confirmaron su irrupción internacional. Japón se modernizó y creció rápidamente hasta convertirse en sólo dos décadas en la segunda economía mundial y la primera asiática. Recuperó su potencial económico pero no ha dispuesto de capacidad de maniobra para desarrollar una diplomacia independiente. Fue considerado un gigante económico pero también un enano político en la escena internacional. Tras entrar en las Naciones Unidas (ONU) en 1956 llegó a ser su segundo contribuyente, apoyando a organismos financieros como el Banco Asiático de Desarrollo. Y es uno de los principales donantes de AOD en Asia y África. Japón colabora activamente con la ONU en la defensa de los bienes públicos globales como el fomento del desarme mundial, la lucha contra la proliferación nuclear, la protección internacional del medio ambiente, la seguridad alimentaria… Japón es partidario de una reforma de la ONU y aspira a ser miembro permanente de un Consejo de Seguridad ampliado. Pero sus justas pretensiones chocan con las reticencias políticas chinas. Alemania se reintegró internacionalmente en el seno de la Unión Europea. Pero no existe para Japón un marco institucional parecido en Asia Oriental.

Cuando Japón gira su mirada hacia al continente asiático, observa cómo China surge como el nuevo gigante económico convocación de liderazgo regional y global. China acoge ya una quinta parte de la población mundial. El año 2008 significó un antes y un después para Pekín. Organizó unos exitosos Juegos Olímpicos, y fue testigo de cómo Estados Unidos caía en una profunda crisis financiera, que también golpeaba a Japón y a la Unión Europea. En el 2010, China creció un 10,3% (frente al 3,9% de Japón) y se convirtió en la segunda economía mundial.

En un contexto tan dinámico, Japón, con sus limitaciones constitucionales en el ámbito militar, su economía desacelerada y una población envejecida, no puede desarrollar un liderazgo político y económico en Asia Oriental. Además, Pekín y Tokio mantienen unas complicadas relaciones políticas debido a disputas territoriales, aún no resueltas. Pero la interdependencia económica crece sin cesar. China es, desde el año 2006, su principal socio comercial y el gran motor que permite seguir creciendo a la economía japonesa. Tokio necesitará aún más, tras el seísmo, contar con la cooperación financiera y comercial china.

La sociedad japonesa se modernizó pero no se occidentalizó plenamente. Cambió su piel pero no su alma. Ha mantenido con convicción su identidad nacional y cultural. Su amalgama religiosa y de pensamiento donde se yuxtaponen el sintoísmo, el budismo, el confucionismo y el cristianismo, explican su singularidad, de difícil comprensión para aquellos que aún insisten en juzgar a Oriente desde nuestros valores occidentales. En Japón priman los colectivos sobre los individuales. Son eficaces trabajando en equipo, aunque a veces y desde nuestra percepción occidental,
pecan de una falta de rapidez y agilidad a la hora de tomar algunas decisiones. Se acuerdan por consenso y se toman su tiempo a la hora de gestionar los temas.

Japón es hoy una sociedad democrática, culta y estable. No tiene recursos naturales que se importan desde el exterior. Pero tiene uno básico: la calidad del pueblo japonés. Sigue impresionando observar la serenidad, la disciplina y el civismo con que ha reaccionado desde el primer día ante la catástrofe. Sus valores colectivos e individuales se acrecientan ante nuestros ojos cuando vemos o leemos cómo resisten la presión de una alerta nuclear. No se han visto reacciones individuales fuera de lugar, sólo muestras de solidaridad colectiva y familiar. Nunca se borrarán de nuestra memoria, además de las tremendas imágenes de la magnitud del desastre, la gran entereza del pueblo japonés.

Ahora sólo resta esperar y confiar en que pronto se superen las amenazas nucleares que agobian a los ciudadanos. Japón padeció antes otros devastadores terremotos, el último en Kobe en 1995. Pero el factor nuclear sitúa esta crisis en otra dimensión, aún de imprevisibles consecuencias. Incluso cambiará la posición internacional sobre la energía nuclear.

Una vez superada la fase de alarma nuclear, Japón demostrará otra vez sus capacidades para trabajar colectivamente en la reconstrucción del país. Una tarea ingente que motivará y movilizará otra vez a los japoneses. Se abrirá una nueva etapa histórica. Una gran oportunidad para mejorar sus instituciones políticas y económicas, abrirse más al exterior y, a la vez, mantener sus valores e identidad. Japón puede y debe revitalizarse, reinventarse e incluso rejuvenecerse. Porque su principal amenaza no es exterior, sino interna. Debe corregir el bajo índice de fertilidad que provoca el alto envejecimiento de su población que ya cuenta con un 21,5% de mayores de 25 años. El déficit demográfico frena el crecimiento, el consumo y el ahorro. Es imprescindible que el Gobierno de Naoto Kan del PDL y oposición política, el PLD, se sepan liderar y sumar esfuerzos colectivos. Japón también precisará, a corto plazo, de la cooperación financiera internacional. Deberá hacer definitivamente las paces con sus vecinos, China y Corea del Sur.

Japón es un gran país que merece nuestro reconocimiento y estima. Está pasando una durísima prueba. La superará. Debemos expresar nuestra solidaridad con el pueblo japonés.

Jaume Giné Daví
Profesor de la Facultad de Derecho de ESADE
Secretario general del Consejo Asesor de Casa Asia

Artículo publicado en La Vanguardia (20.03.2011)

Derecho y sociedad | , , , , , , Permalink