Archivo del Enero, 2018

A propósito de las plataformas electrónicas en que sus usuarios interactúan el uso temporal de bienes y servicios, la STJUE (C-434/15) y el libro “La regulación de la economía colaborativa”.

Soy usuario del servicio de taxi, como transporte urbano en Barcelona, desde hace bastantes años y, en general, lo valoro positivamente. No obstante, el pasado agosto, viajando por Hanghzou, antigua capital imperial China, de sólo –para los estándares de aquel gran país- 9.000.000 de habitantes y sin hablar su idioma, la compañía Didi Chuxing  (en el “registro mercantil”, Beijing Xiaoju Keji Co.) popularmente conocida como Didi y por su logo de una D tumbada hacia abajo, plataforma tecnológica similar a Uber –aclaración para los que vivimos en el oeste-, solucionó la mayoría de mis necesidades de transporte urbano.

Vehículos de alta gama, impecables por fuera y por dentro,  con botellín de agua incluido, conducidos por personas de trato muy correcto y cuyo itinerario seguían, en tiempo real, mis amigos del país en su teléfono móvil, a través del cual contrataban y pagaban el servicio a precios competitivos con el taxi. Fui un usuario más, de los más de 400 millones activos con que cuentan; pero que no aumentó la estadística al no darme de alta directamente, sino ampararme en la gestión de mis amistades, ya que para pagos con el móvil es preciso tener abierta una cuenta en una entidad financiera en China. 

Leo una noticia de EFE, fechada en Pekín el 21 de diciembre, que la misma compañía ha concluido una ronda de financiación de 3.370 millones de euros que sigue a otra, en abril, de algo más de 5.000 millones. También se publica, más o menos por los mismos días, que planea desarrollar su actividad en México, ya durante este año 2018.

Datada en Luxemburgo un día antes que la noticia de EFE, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea hizo pública su sentencia en el asunto (C-434/15) Read the rest of this entry »

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