Resumen del discurso ante el Consejo Europeo del 7 de febrero de 2013. Martin Schulz, Presidente del Parlamento Europeo

El año nuevo ha comenzado con muchas buenas noticias. Muchos indicios apuntan a una lenta recuperación de la economía, la crisis del euro ha desaparecido de los titulares y los inversores están regresando. Pero sólo cuando se superen las consecuencias sociales de la crisis financiera, a saber, el elevado desempleo, la creciente pobreza y la deuda pública, sólo entonces habrá concluido verdaderamente la crisis. Hasta entonces, hemos de dirigir todos juntos nuestros esfuerzos hacia la recuperación económica de Europa.

Ya hemos avanzado un buen trecho hacia esta meta: los riesgos para la zona del euro se han disipado. Para ello, ha resultado decisiva la voluntad política de mantenerla cohesionada. Y esta voluntad política incondicional de reivindicar nuestro futuro común la necesitamos también para las negociaciones que tenemos hoy ante nosotros y para los desafíos venideros.

En razón precisamente de estos retos, hacer ahorros en el presupuesto de la UE es hacer ahorros donde no conviene hacerlos, pues el presupuesto de la UE es uno de los mayores instrumentos de inversión de Europa: un instrumento de inversión que los ciudadanos necesitan ahora más que nunca. El presupuesto de la UE no es en modo alguno dinero para Bruselas, sino recursos para las personas que viven en Europa. El 94 % de nuestro presupuesto vuelve directamente a los países, las regiones y las personas o se invierte en nuestras prioridades de política exterior.

Digamos las cosas claramente: los recortes propuestos del presupuesto de la UE no son sino recortes de prestaciones; por ejemplo, de la infraestructura de transportes, de las redes de banda ancha, del programa Erasmus o del desarrollo rural. Estos recortes los sentirán muchas personas inmediatamente en su vida cotidiana. Así, por ejemplo, se pretende recortar a la mitad los recursos para los bancos de alimentos, a pesar de que proporcionan a muchas personas su única comida del día y son hoy más necesarios que nunca. Recortar aquí es contrario a nuestro principal valor europeo, la solidaridad.

A juicio del Parlamento Europeo, para que un marco plurianual sea moderno, también es necesario desarrollar de una vez por todas una forma de programación financiera que no se aferre a unos presupuestos rígidos e inflexibles. Como cualquier Estado miembro, la UE necesita poder reaccionar con flexibilidad ante unas condiciones económicas y políticas cambiantes. Un ejemplo: si seguimos con esta rigidez, no podremos reaccionar con la flexibilidad necesaria frente a acontecimientos inesperados como los que ahora se producen en Mali. Después de la intervención militar de Francia, que ha respondido a los intereses de la seguridad de todos nosotros, será necesario prestar apoyo a Mali en la reconstrucción de las estructuras civiles. Para responder a tales desafíos, necesitamos flexibilidad para poder ofrecer los recursos necesarios, y debe tratarse de flexibilidad entre las categorías de gasto y los presupuestos anuales; además es necesaria una cláusula de revisión jurídicamente vinculante que, al igual que la flexibilidad, debe requerir una mayoría cualificada. Lo que Europa necesita no son compromisos sobre mínimos, sino una programación financiera moderna!

A través de numerosos diálogos mantenidos individualmente con jefes de gobierno he podido formarme una imagen de su posición. Si contrasto sus posiciones con la reacción de la mayoría de los diputados al Parlamento Europeo expresada en la Resolución sobre el marco financiero plurianual, en el debate en el Pleno y en la carta abierta de los cuatro presidentes de los grupos políticos PPE, S&D, ALDE y Verdes, me reafirmo en mi impresión de que un marco financiero plurianual concebido como el mínimo denominador común de los 27 Estados, como el que ahora se perfila, será rechazado por el Parlamento Europeo. Los mismos líderes de grupo me han informado de que han puesto en marcha una iniciativa para una votación secreta sobre el marco financiero plurianual.

Repetiré por ello una vez más lo que ya dije en la sesión de noviembre: los representantes del pueblo estamos dispuestos a hacer economías. Pero cuanto más se alejen ustedes de la propuesta de la Comisión, más probabilidades tendrán de topar con el rechazo de su decisión por el Parlamento Europeo, especialmente en el caso de que los créditos de pago no concuerden con el nivel de los compromisos ya contraídos.

Como Presidente del Parlamento Europeo, con cuya firma se establece definitivamente el presupuesto, ni quiero ni puedo aceptar estos déficits presupuestarios como hechos consumados. Estoy obligado a respetar el Tratado UE, y este proceder infringe el artículo 323, que establece que «el Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión velarán por que la Unión disponga de los medios financieros que le permitan cumplir sus obligaciones jurídicas frente a terceros.

Se me podrá decir, desde luego, que con un descubierto en la cuenta no hay más remedio que ahorrar en otros gastos. Pero en ese aspecto no podemos tampoco hacer más de lo que ya hacemos, porque las otras obligaciones son firmes. También podemos, eso sí, acordar unos programas que ya solo sean teóricos, a sabiendas de que, de hecho, al final no los financiaremos.

Mañana debatirán ustedes la política comercial de la UE. En vista de los enormes desafíos a los que se enfrenta la UE, la política comercial es un importante instrumento de creación y mantenimiento de crecimiento económico y puestos de trabajo en Europa.

Para ello debemos profundizar en nuestras relaciones comerciales con nuestros socios clave, como los Estados Unidos y Latinoamérica. Por ejemplo, con México, un país que exhibe unas tasas de crecimiento impresionantes y con el que debemos intensificar las relaciones comerciales en beneficio mutuo.

También las estrechas relaciones de cooperación comercial entre los EE.UU. y la UE, de las que vuelve a hablarse estos días y que podrían culminar en una zona transatlántica de libre comercio, ofrecen ventajas para ambas partes.

Hoy chocan aquí en el Consejo Europeo intereses nacionales, lo que es normal. Pero no creo que debamos contentarnos con la suma de veintisiete intereses nacionales. Eso podrá ser un motivo de comprensible satisfacción para cada uno de ustedes como jefes de gobierno. Pero les pido que entiendan ustedes también la perspectiva inversa: para muchos de nosotros, en el Parlamento Europeo, el espíritu de la Unión Europea es más que la suma de los veintisiete intereses nacionales.

El Presidente François Hollande tenía razón al afirmar en su discurso del pasado martes ante el Parlamento Europeo: «Lo que está en juego es nuestra credibilidad; ya no nuestra credibilidad financiera, sino nuestra credibilidad política. Más allá de esas decisiones presupuestarias, lo que se debate es una idea de Europa». La abrumadora mayoría de los diputados al Parlamento Europeo comparte esta visión. ¿Qué Europa queremos? De ustedes depende que la reunión de hoy del Consejo Europeo marque el inicio de un proceso o su final.

Julio Añoveros Trias de Bes
Profesor de la Facultad de Derecho de ESADE

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