Presuntos culpables: la doble cara de la presunción de inocencia

En su conferencia celebrada el pasado 25 de enero en el contexto del Legal Research Seminar de nuestra facultad de Derecho, el profesor Jordi Ferrer (UdG) realizó una brillante deconstrucción dogmática del principio de presunción de inocencia en el Derecho penal español. Conclusión: la presunción de inocencia es, en realidad, menos de lo que creemos que es. Hinchada en la retórica jurisprudencial y en el imaginario jurídico-popular, un análisis minucioso y sistemático de su verdadero alcance práctico demuestra que en el Derecho español actual la presunción de inocencia se reduce a una regla de trato por parte del tribunal frente al acusado, y aun esta no absoluta, pues es compatible (por ejemplo) con la existencia de la prisión preventiva, una figura que de alguna manera presupone la culpabilidad.

Lo curioso, y aquí está la doble cara a la que me refiero, es que estos días estamos oyendo mucho la expresión “presunción de inocencia”, en relación con la desmoralizante y vergonzosa retahíla de casos de corrupción política con la que nos desayunamos día sí y día también. Ahí el principio lo alegan figuras públicas, generalmente políticos, en su propia defensa, o en la de sus compañeros o subordinados.

El subterfugio es burdo. La presunción de inocencia jurídica es una cosa, y una cosa además bien concreta, como quedó reflejado en la conferencia del profesor Ferrer. La presunción de inocencia política es otra. Se utiliza el mismo término para hablar de cosas distintas. Pongo el ejemplo más obvio. Un cargo público acusado y absuelto porque en el juicio se utilizaron pruebas obtenidas ilícitamente cuyo carácter inculpatorio es vox populi es y debe ser inocente jurídicamente, pero ni es ni debe ser inocente políticamente.

Pues bien, lo más paradójico del tema es que cuando resulta que en el ámbito estrictamente jurisdiccional (que es su ámbito natural) la presunción de inocencia tiene como digo un contenido mínimo y muy reducido, de la presunción de inocencia política se nos pide sin embargo que la concibamos de forma maximalista y poco menos que absoluta. Así, cuando aceptamos con naturalidad que a cualquier acusado de un delito se le pueda imponer la prisión preventiva, se nos pide que mientras a un cargo público acusado de corrupción no lo veamos entre rejas le permitamos que siga funcionando como si tal cosa presumiendo que siempre fue inocente.

Eso no tiene mucho sentido. Y menos aún aquí y ahora. Cualquier persona mínimamente informada que haya vivido en este país durante los años del llamado milagro económico español (a.k.a. burbuja inmobiliaria), sabe lo que ha pasado. A grandes rasgos, lo sabe. Yo, usted, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros familiares y amigos. Lo hemos comentado en el café y en la sobremesa cientos de veces. Por eso es normal que cuando al magma de corrupción por el que estamos invadidos se le ponen nombres y apellidos lo primero que haga la ciudadanía es aplicar una presunción de culpabilidad. Lo siento, pero es normal. Cualquiera lo entiende. Y no pasa nada, siempre que eso no contamine a la presunción de inocencia jurisdiccional (que, recordémoslo, se configura en el Derecho español con un contenido mínimo y muy reducido).

Igual que la presunción de inocencia (jurisdiccional) se puede romper, la presunción de culpabilidad (política) se debe poder romper también. Confiando en que unos medios de comunicación rigurosos y una ciudadanía responsable sabrán valorar, juzgar y, en su caso, reponer en el crédito a quien se haya visto manchado por la sospecha. Pero pedirnos obviar esa sospecha está ya fuera de lugar. Si no, entre tantos amigos y familiares, a muchos se nos va a quedar cara de primos.

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2 Respostes a “Presuntos culpables: la doble cara de la presunción de inocencia”

  1. Asesorias dice:

    Con la existencia de la prisión preventiva CLARO que presupone la culpabilidad. Es realmente un halago leer este post, yo comparto lo mismo; que esto no tiene mucho sentido.

  2. unabogado.es dice:

    Interesante artículo, además comparto la opinión de asesorias sobre la presunción de inocencia