El ‘fresh start’; tensión con el artículo 1.911 C.c

La situación económica que estamos padeciendo desde hace ya unos años, y que parece habernos tomado tanto cariño que no quiere abandonarnos, ha puesto en la primera página de muchas vidas el desagradable título ‘en concurso de acreedores’. Esta rama del derecho mercantil ha sufrido unas cuantas modificaciones, olvidando figuras un tanto rupestres como la prisión del quebrado y modernizándose hasta llegar a ser lo que hoy día es –aunque tal vez todavía le quede un poco por evolucionar-.

Sin embargo, no sabremos si un sistema es el más eficiente si no lo comparamos con sus vecinos. Resulta que hay otra gran economía en el mundo que también estos últimos cinco años ha experimentado las calamidades de la bolsa, los bonos basura, la deflación de su moneda, etc. Por lo tanto, tiene bastante experiencia en este sector. Esta es la estadounidense.

Tras la apertura del concurso, y a partir de las operaciones de reducción y reintegración, la masa ‘de  hecho’ del deudor se convierte en masa de ‘derecho’. Con ello, el ‘haber’ de éste queda determinado y apto para repartirse entre los acreedores. El ‘Bankruptcy Code’, por su parte, establece que “at the moment a bankruptcy petition is filed, voluntary or not, an ‘estate’  is created by operation of law, just as if a new corporation had been established or a new trust created. At the instant of filing the bankruptcy petition, all the property owned by the debtor becomes ‘property of the estate’, a deliberately expansive concept, with only a few specific exceptions”. Con otras palabras, ambos sistemas vienen a resumirse en lo mismo. La cuestión fundamental reside en el momento inmediatamente posterior: ¿Qué sucede una vez liquidado todo el activo, si todavía quedan acreedores a los que satisfacer? El modelo español lo tiene claro: en virtud del omnipresente artículo 1.911 del Código Civil, el deudor será responsable de todas sus deudas con sus bienes presentes y futuros. Es decir, si su activo fue insuficiente sus acreedores podrán perseguirlo hasta su perfecto cumplimiento.

Esto no es igual al otro lado del charco; ahí desarrollaron el concepto del ‘fresh start’. Y no es ‘fresh’ porque pasen frío al no tener dónde dormir tras haber sido despojados de todo, sino porque una vez liquidado su activo presente, quedan liberados de cualquier carga futura. No es mi objetivo explicar cómo funciona el U.S.C., ni menos aún los Chapter 7 y 13, ni tampoco vamos a tratar de las ‘estate exemptions’, aunque éstas últimas son un capítulo muy relacionado con el fresh start y de capital importancia; tan solo pretendo mostrar la filosofía que subyace en este ‘fresh start’ y preguntarme qué resulta más conveniente a una sociedad.

Existen claramente dos intereses opuestos en el concurso: el de los acreedores impagados frente al de los deudores concursados. ¿Cuál debe interesarnos más? Nuestro conocido artículo 1911 CC protege eminentemente a aquél a quien se le debe. Y este es un esfuerzo loable, pues si no los protegiésemos, ¿Cómo iba nadie a fiarle a nadie? ¿Cómo se garantizaría el tráfico jurídico?

No obstante, la lógica expuesta, tenemos a su adversario, el fresh start, con unos argumentos también harto convincentes. Partiendo de la base, común en ambos, de que el concurso es una situación triste y trágica para cualquiera –pues en este artículo no queremos incluir a los morosos de profesión-, ¿Qué conseguimos al condenar al deudor? En USA se planteó la siguiente lógica: si condenamos a la persona a pagar todas sus deudas, jamás se recuperará y no acabará de pagar siquiera los intereses. Es por ello que aquellos deudores individuales cuyos ingresos sean inferiores a la media de su Estado, podrán acogerse a esta exención librándose de toda deuda (salvo en contadas excepciones como los alimentos, los impuestos, etc.) y pudiendo empezar una nueva etapa en su vida libre de cargas. Teniendo presente que los USA son famosos por su espíritu emprendedor y el poco miedo al fracaso, y que en España pecamos de lo contrario, tal vez sean factores como estos los que marquen la diferencia.

El Derecho Concursal fue modificado recientemente para introducir  la llamada ‘refinanciación’, cosa que en el Derecho estadounidense ya existía de mucho tiempo antes: tal vez lo mejor no sea liquidar, sino renegociar la deuda y seguir adelante –sobre todo, en concursos de empresas-. Entonces, ¿Puede seguir nuestro derecho también esos pasos en cuanto al fresh start? La facilidad del ‘Common Law’ para adaptarse a la realidad social es mucho mayor que en el ‘Civil Law’, y en la actualidad estamos viendo demandas en ese sentido –aunque en otro campo, pero la dación en pago no viene a ser si no eso: responder con lo que tienes y librarte de la deuda-. Pero ¿Estaría nuestra sociedad preparada para este cambio o acabarían justos pagando por pecadores? Por último, podría pensarse que, al recaer el riesgo sobre el acreedor, el fresh start impone la prudencia recomendando a los inversores que vigilen dónde meten su dinero, pues lo pueden perder todo. Mientras se protegiesen a las clases ‘débiles’ de acreedores, como los trabajadores, parece un importante incentivo a la responsabilidad y un pequeño freno a la especulación.

 

Marc Delgado Mañez

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Una Resposta a “El ‘fresh start’; tensión con el artículo 1.911 C.c”

  1. refinanciación: cada dia mas de moda. Algun dia. buen articulo.