El Porsche y los ciclistas

Hace unos días tuve una entrevista con el comercial de una prestigiosa editorial jurídica que me expuso, con magistral profesionalidad, las bondades del programa informático cuya adquisición pretendía para los participantes en el Máster Universitario en Abogacía de ESADE-URL (en adelante MUA).

Realmente era difícil rechazar su ofrecimiento, no sólo por las excelentes prestaciones del producto, sino también por su calidad, contrastada incluso por mi mismo en otros ámbitos. En definitiva, me ofrecía un “Porsche” de las ediciones jurídicas. Pero ahí, justamente, había el escollo para aceptar su propuesta.

Agradeciéndole su bien intencionada oferta, le expliqué por qué el MUA no era un cliente adecuado para tan avanzado producto. De momento, le dije, estamos ocupados aprendiendo a pedalear y a mantener el equilibrio encima de una simple bicicleta, para que todo nos ocurra de forma lenta y natural, y que no perdamos ningún detalle del paisaje.

La expresión atónita de su rostro me dio a entender que, o bien albergaba dudas sobre la lucidez de su interlocutor, o bien no relacionaba la aparición en la conversación de unos jóvenes estudiantes de máster montados en velocípedos. Con la intención de aclararlo le formulé la siguiente pregunta: ¿estaríamos de acuerdo en que, para poder utilizar una calculadora, antes debemos saber sumar, restar, multiplicar y dividir de forma manual?. En ese momento se recuperó de su desconcierto y convinimos en una respuesta afirmativa valorando que, de no ser así, la fascinación por la tecnología entraña el peligro de adormecer la necesidad de asimilar lo esencial como si fuera innato.

Por la misma razón, continué, es preciso que los abogados en formación vayan adquiriendo su propia experiencia de forma ordenada, progresiva y en el tempo adecuado. Queden pues las herramientas sofisticadas que facilitan la vida a los profesionales, para los profesionales, pero no distraigan ni distorsionen el proceso formativo de los noveles.

Sólo con el esfuerzo propio, orientado a resolver las situaciones, se adquiere experiencia, entendida ésta no como la mera repetición de una actividad durante un período dilatado de tiempo, sino como la capacidad de analizar los propios errores, de sacar conclusiones de ello y, en consecuencia, de reorientar la acción fallida.

He aquí el punto de partida para un debate al que estáis todos invitados: ¿qué papel deben jugar las tecnologías de la información, incluso los formularios, en el proceso formativo de quienes pretenden adquirir las competencias necesarias para iniciarse en la abogacía?.

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Sobre Xavier Felip Arroyo

Abogado. Director del Máster de Acceso a la Abogacía de ESADE-URL. Director de la Escuela de Práctica Jurídica del Ilustre Colegio de Abogados de Sabadell.
Máster en Abogacía | , , ,

3 Respostes a “El Porsche y los ciclistas”

  1. César Arjona dice:

    Benvolgut Xavier: oportunísimo comentario, extrapolable a tantos otros entornos en esta era de la tecnología. Esta, la tecnología, no es necesariamente buena, sino que para serlo ha de ser tecnología adecuada, es decir, que no se quede corta pero tampoco se pase. Cuando trabajamos con una tecnología que excede nuestras necesidades o capacidades no sólo no le sacamos todo el partido que tiene sino que nos acaba estorbando, con lo que el resultado es contraproducente. Estoy seguro de que todos tenemos ejemplos de eso en nuestra vida cotidiana y profesional. Yo, al menos, unos cuantos.

  2. Xavier Felip Arroyo dice:

    Muchas gracias, César, por tu aportación. Yo añadiría una breve reflexión: como herramienta que es, la tecnología debe «servir para» y no ser una finalidad en sí misma. Por ello, me parece oportuno que quien la utilice, sea docente, abogado o profesional de otro ámbito, se plantee previamente para qué la necesita y si su uso está justificado o no. Aunque lo dicho parece obvio, creo que todos conocemos a más de un tecnológico dependiente que vive para la tecnología…

  3. Xavier Felip Arroyo dice:

    Com que té a veure amb el tema de què parlem, em permeto transcriure un paràgraf i mig del llibre “Adéu a la Universitat -l’eclipsi de les humanitats-“, escrit per Jordi Llovet, i que em fa companyia aquests dies de vacances:

    “(…). La possibilitat que un estudiant, per posar un altre exemple, pugui extreure d’una connexió a Internet qualsevol informació relativa a un tema d’investigació o un treball de curs proposat pel professor anul·la de soca-rel la possibilitat que utilitzi els mecanismes molt més mediatitzats que es feien servir tradicionalment per al mateix fi: recerca en un índex de matèries d’una biblioteca, comanda d’una sèrie de llibres, redacció pròpia d’un resum d’allò que s’ha estudiat, redacció in extenso, etcètera. Vénen a tomb els dos versos de T.S. Eliot de Choruses from «The Rock» (1934): «Where is de wisdom we have lost in knowledge?/ Where is the knowlege we have lost in information?», “¿On és la saviesa que hem perdut amb el coneixement?, ¿on és el coneixement que hem perdut amb la informació?”.

    El que ha succeït, en suma, és que uns sèrie de processos «antics» de comunicació interpersonal, de selecció de dades, de capacitat analítica i sintètica i de redacció de les idees consegüents -processos que contenien una inevitable càrrega de mediatització- s’han transformat en processos immediats, processos en els quals no hi fa gairebé cap paper ni una hipòtesi de treball, ni la recerca pròpiament dita, ni la diferenciació dels materials recopilats, ni la reflexió sobre aquests materials, ni l’elaboració detinguda dels resultats finals. Allà on l’activitat intel·lectual estava presidida per estratègies mentals i mecanismes intel·lectuals de llarga durada, allà regna en aquests moments una activitat immediata, ràpida i en aparença d’una eficàcia sorprenent.”