Archivo del Diciembre, 2011

La profesión de profesor, también en crisis

¿Puede un profesor encontrarse en una situación de conflicto de intereses? ¿Cómo debe actuar al respecto? ¿Cuáles son los valores que guían su tarea docente e investigadora?

Estas preguntas me las suscitó una discusión que tuve hace poco sobre el documental Inside Job con mis alumnos de una asignatura de ética profesional. Uno de los aspectos más originales del laureado documental (ganó el Oscar en su categoría en 2010) es que no sólo desataca la dudosa deontología de banqueros, consultores, abogados,… sino también de los profesores universitarios, sobre todo de los que trabajan en los departamentos de Economía de algunas de las Universidades y Business Schools más importantes de Estados Unidos.

La idea de fondo que transmite el documental es clara: algunos de estos profesores prestan desde la academia apoyo teórico a intereses privados muy particulares, de los cuales obtienen una compensación directa. El caso más obvio de este conflicto de intereses es el de la publicación de informes y estudios cuyos resultados apoyan o legitiman las actuaciones de las instituciones privadas que han financiado esa investigación. A partir de ese problema tan específico, la reflexión puede remontar en generalidad y abstracción, alcanzando el núcleo duro del profesionalismo.

En efecto, dos características principales del concepto de profesión son la de servicio a un bien público y la de autonomía. En el caso del profesor, el bien público es evidentemente la educación (sea esta pública o privada, ese es otro tema), el servicio al cual debe estar orientado exclusivamente por criterios de corrección académica (si nos ponemos platónicos, la búsqueda de “la verdad”, o algo equivalente). La autonomía, por su parte, se manifiesta en el hecho de que el profesor es libre para escoger sus temas de investigación, la manera de llevarla a cabo y de presentar sus resultados, y por supuesto para transmitirlos por medio de clases o conferencias (ámbito este especialmente protegido por la libertad de cátedra); todo ello igualmente orientado por ese ideal de “verdad” al que me refería.

Pues bien, claro está que la problemática antes planteada ataca frontalmente a esas dos ideas esenciales del concepto mismo de profesión. El profesor que utiliza la plataforma académica para satisfacer intereses privados siendo compensado por ello, ni sirve ya honestamente al bien público, ni actúa con autonomía. Que en estas se encuentre la profesión desinteresada por excelencia, subraya el hecho de que nuestro mundo está sufriendo una profunda crisis de profesionalismo.

Vaya hombre, ¿otra crisis? No: es la misma.

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Fallece el abogado Fernando Pombo

Fundador del despacho Gómez-Acebo & Pombo, estuvo especialmente involucrado en la internacionalización de la práctica jurídica, llegando a ostentar el cargo de Presidente de la IBA (International Bar Association). A continuación se inlcuye un link al obituario publicado en la página web de dicha organización.

http://www.ibanet.org/Article/Detail.aspx?ArticleUid=E28866C8-332D-4415-9EA9-142410913CC3

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La lleialtat institucional costa 759 milions d’euros.

Aquests dies és impossible evadir-se de la reclamació jurídica (en forma de demanda contenciosa – administrativa) i política (a les institucions Europees i al cap d’Estat) que el Govern de la Generalitat de Catalunya en compliment de la disposició addicional tercera de l’Estatut farà al Govern de l’Estat de torn. Sobre l’ impagament hi ha poc més a dir, un govern en funcions i una crisi econòmica ferotge són els pretextes que s’al•leguen per a justificar l’ajornament del pagament per part de l’Estat, que al mateix temps reclama a Catalunya, i potser d’ara endavant a la resta de comunitats autònomes, polítiques econòmiques restrictives, reajustaments pressupostaris i contenció de la despesa.

Certament la causa dels 759 milions d’euros no ajuden a apaigavar les tibants relacions polítiques entre la Generalitat de Catalunya i l’Estat, entre Catalunya i Espanya. Aquestes relacions marcades en moltes ocasions per la desconfiança mútua i pel criteri d’oportunitat política disten de respectar un dels pilars bàsics dels estats complexos i descentralitzats, la lleialtat institucional, que es suposa ha de ser mútua entre ambdues institucions públiques. Les acusacions de deslleialtat han estat constants i encara la ferida produïda pel sisme polític que va suposar l’estatut d’autonomia roman oberta (tant a Madrid com a Barcelona). Plou sobre mullat.

La reacció de la Generalitat de reclamar el pagament a tort i a dret, incloent-hi des de la judicialització del nou conflicte, (tot i sabent que les possibilitats d’una resolució judicial favorables són minses i sempre seran tardanes), a la reclamació a la Unió Europea (el dret a la pataleta internacional) semblen cercar una dimensió més política que jurídica i mentrestant ja es sap, qui dia passa any empeny a l’oasi català. La solució passa per dialogar amb el nou govern o bé compensar el pagament, però per fer ambdues coses es necessita ser adult i tenir certa força, ja que el diàleg implica com a mínim que t’escoltin.

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