¿Causa de enajenación?

 
Casi todos los modelos contemporáneos de justicia criminal tratan de adecuar la entidad del castigo y la duración de la condena al grado de conciencia y de voluntad transgresora que muestra el acusado en el momento de cometer los hechos por los que debe ser enjuiciado.

Precisamente por este motivo, nuestro Código Penal establece un catálogo de circunstancias atenuantes y agravantes que sirven para individualizar la duración de la pena, de forma tal que se pueda castigar con más severidad a los sujetos que reinciden o que muestran un especial desprecio hacia las normas de convivencia y, a su vez, permita tratar de una forma más benevolente a las personas que, en el momento de cometer los hechos, no eran enteramente capaces de comprender la ilicitud de sus actos al hallarse privados, total o parcialmente, de una plena conciencia y consiguiente libertad de actuación.

Esta circunstancia, que distingue y honra nuestro modelo de enjuiciamiento criminal, convierte la labor de nuestros jueces y tribunales en una disciplina especialmente permeable a la realidad social y a la particular de cada individuo. Obliga a valorar de forma cabal las circunstancias psíquicas que pudieron influir en la conducta de la persona justiciable en el momento de cometer los hechos de los que es acusada.

El pasado día 16 de diciembre, Pere, un obrero de la construcción de 57 años sin ningún tipo de antecedente penal, interrumpió el desayuno de un constructor y de su hijo, a la sazón sus empleadores, para vaciar el cargador de su escopeta de caza sobre ellos. Posteriormente, se dirigió a una entidad bancaria que se hallaba cerca y repitió los hechos: causó la muerte al director y a una empleada de la oficina.

Según manifestó reiteradamente durante la reconstrucción de los hechos y en sucesivas ocasiones ante el juez de instrucción, en el momento de cometer los hechos se sentía profundamente angustiado y acuciado por una deuda que creía saldada y por la situación de crisis económica, de la que en cierto modo culpaba a sus cuatro víctimas. Unas horas después del crimen, el ministro de Justicia reclamaba a los medios de comunicación y a la ciudadanía que no se relacionase el asesinato con la grave crisis económica que estamos atravesando.

En un contexto cultural y social como el nuestro, en el que la productividad, la eficacia, la riqueza y el bienestar material parecen haber desplazado otros valores humanos de carácter inmaterial y universal, ocupando un lugar preeminente en la escala de valores colectiva, resulta necesario preguntarse si la frustración de las expectativas vitales depositadas en la satisfacción de estos objetivos materiales podría ser la causa de un cuadro de enajenación mental completa o incompleta.

Si esto es así, es decir, si como parece debemos admitir que la ruina, el paro o la acumulación de deudas y la consiguiente frustración de las expectativas vitales derivadas de una situación de crisis coyuntural pueden mutilar la autoestima, el amor propio y la consideración social de una persona, llegando a afectar y a mermar sensiblemente su cordura, además de obligarnos a atenuarle la pena que en su caso le pudiera corresponder, deberemos admitir que individual y colectivamente tenemos un problema.

 

       Marc Molins Raich
       Professor de Derecho penal y procesal penal 
       Facultad de Derecho de ESADE

      Artículo publicado en “La Vanguardia” (29.05.2011)

Related posts:

Derecho y sociedad, Penal | , , ,